El rincón de Dolo

Octubre 26, 2007

Como Peras para el Chocolate

Archivado en: Mis historietas — elrincondedolo @ 2:30 pm

PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

    Un prólogo es una parte de los libros que no debería existir, más que nada porque tienen un parecido asombroso con los documentales de la 2, es decir, todo el mundo dice que los ve pero, en realidad, todo el mundo sabe  que no es cierto.  Esta vez, y sin que sirva de precedente, haré el esfuerzo de escribir uno, aunque sea pequeñito.       

     Esta historia está basada en una cena real a la que todavía hoy no sé si tuve la desgracia o la fortuna de acudir. Cualquier parecido con la realidad no es ninguna coincidencia. El lugar existía ( y, por desgracia para los incautos, todavía sigue existiendo) . Los detalles de la cena son verídicos. A los comensales vecinos no les ha hecho ni falta cambiarles el nombre para salvaguardar su intimidad, tan sólo conocía a uno de ellos. ¿ Y qué vamos a decir de nuestras intrépidas protagonistas? Un poquito y a estas alturas de la era espacial estarían más que desintegradas, las pobres.          

       El hecho de haber realizado una segunda edición obedece a circunstancias del progreso, a la informatización de la sociedad. Vivimos dependientes de las máquinas cuando son ellas las que deberían depender de nosotros. Pero no podemos dar la espalda al progreso, tampoco al pasado. Es por eso que procuraré que la primera edición permanezca a salvo de las polillas, así como ésta de los virus informáticos (hay que ver, siempre con preocupaciones)          

        En esta segunda edición, me he permitido la libertad de incluir algunas reformas sobre el original con la finalidad de facilitar la comprensión del texto, o de redondear alguna situación.

  DOLO LÓPEZ MUÑOZ                                                                                          

   EDICIÓN 1996

2ª EDICIÓN 2001  

COMO PERAS PARA EL CHOCOLATE

ENDOR MOON

2º CICLO LUNAR. CUARTO  CUADRANTEEQUIVALENTE TERRESTRE: 15/12/96 

-Agente E-18, tiene la misión de inscribir a D-12 y a A-15 en la cena que se celebrará el próximo Jueves.

-De acuerdo Mariscal Supremo, ¿ debo comunicar los parámetros de la misión a D-12 y A-15?

-No, ya lo haré yo que para eso soy el jefe.-Así se hará, Mariscal Supremo.

 ALICANTE´S UNIVERSITYSAN VICENTE DEL RASPEIGALICANTE. LA TIERRA 

-A-15, ¿no te parece que E-18 está un poco insoportable últimamente?

-Ella siempre ha sido así, pero la falta de C-17 y E-16 hace que recaiga en nosotras la responsabilidad de aguantarla. Si no fuera porque es el tentáculo derecho del Mariscal Supremo le…

-¡ Shh! El terrícola de la fila de delante tiene las antenas auditivas orientadas hacia aquí, puede ser peligroso.

-Es una pena no tener mi pistola desintegradora porque, por lo menos, las antenas auditivas iban a desaparecer bien pronto… 

-¡Hola!-¡Hola, E-18! ¿Qué tal?

-Traigo órdenes del Mariscal Supremo, debéis apuntaros a la próxima cena, y si no lo hacéis voluntariamente, lo haré yo en vuestro lugar.

-Eso no se suelta a bocajarro, tienes que decir: ¿te acuerdas del gato que se subió al árbol y …? Por cierto, ¿te vienes con nosotras?

-Negativo, D-12, yo debo observar la realidad social humana a través de series como “Hostal Royal Manzanares”. Por cierto, el Mariscal Supremo quiere hablar con vosotras.

-Vengaaa, por faaa, venteeee.

-Negativo A-15   

ALIENÍGENA HEADQUARTERTRASTERO Nº17. EDIFICIO M. LUISAPLAYA SAN JUAN. ALICANTE 

-D-12, A-15, estaba esperando vuestra comparecencia…

-Con debido respeto, Señor, nos gustaría que nos llamara por nuestro rango, es decir, Comandanta Kirk y Señorita Spock.

-¡ Como si os quiero llamar por vuestro nombre, es decir, Filomena y Pancracia ! ¡ Ahora D-12, otra interrupción más y te mando a Ganímedes a las minas de uralita !

-Lo siento, Señor.

-La misión será la de observar el comportamiento terrícola en sociedad en aras de la próxima invasión del planeta.

-¡ Pero, Señor, esas cenas son todas iguales y muy ab…!

-¡No hay peros que valgan, irán y tomarán su pizza, pero sobre todo observarán, porque quiero un informe el Viernes a primera hora!

-Pero Se…-¿Decía algo A-15?¿ Quiere acompañar a D-12 a Ganímedes?

-No, Señor, se hará como usted ordene           

    Nuestras dos protagonistas salieron de muy mala leche del cuartel general y cuando estaban seguras de que nadie oía…

 -¡ Será cabrón, a primera hora!

-Me gustaría verlo a él con unas ojeras hasta la barbilla. Oye, ¿por qué no apuntamos también a E-18 sin que se entere?

-Con el enchufe que tiene hay que tener cuidado, he oído decir que en Ganímedes hace un frío que pela, y el trabajo es duro.

-Sí, pero por lo menos no hay leguminosas.

-Y los Ganimedorianos  están pa´ comérselos, además, ya me estoy cansando de este planeta.

-Sería cuestión de planteárselo. 

ALICANTE´S UNIVERSITY17/12/96           

  D-12 Y A-15 decidieron llevar a cabo un arriesgado plan para ver si E-18 se animaba a acompañarlas a la cena: 

-Oye, perdona, ¿llevas tú lo de la cena?

-Sí-Es que quiero apuntarme.-¿Cómo te llamas?-

E-…Esther, ¡ah! Y confirmar a Filomena y Pancracia.

-Bueno, pues nada, os esperamos. -¡Adiós!         

    Y al volver a sus respectivos sitios… 

-¡E-18, te hemos confirmado para cena!

-¡¿Qué habéis hecho qué?!

-Pues eso, te hemos apuntado a la cena.

-¡Ah, no, yo tengo que ver “Hostal Royal Manzanares”!

-Jo, desde luego qué mala amiga eres.

-Vengaaa, si están repitiendo episodios.

-Pues tengo que verlos otra vez, ¿quién lleva lo de la cena?

-La delegada.            

Y allá fue ella a desapuntarse. 

INFORME GALÁCTICO SOBRE LA CENA DE GRUPO. INFORMA AGENTE D-12 

EL LOCAL NOMBRE:¿ L´amparini? ¿Aladini? ¿Cantarini? ¿L´andarini? (¡ Puf, prefiero no recordarlo!)DESCRIPCIÓN: Pequeño cuchitril con escasa ventilación y doble puerta a la entrada a modo de bar del oeste. Fila de banco corrido situado a una distancia similar de la mesa a la que hay en los bancos de la Uni, con la diferencia de que el del restaurante, por lo menos, estaba almohadillado y no te dejaba el trasero cuadrado, así mismo, la mesa carecía de inclinación con lo cual se podía mantener a salvo la integridad física de nuestros uniformes.            Mesas provistas de mantel de papel susceptible de ser destrozado en momentos de pánico. Cubiertos y copas en número insuficiente y servilletas a cuadros a modo de mantita de la abuela. Objetos contundentes colgantes, que ponen en peligro la integridad personal de los comensales, constituyen otros elementos de ornamentación del local. 

COMENSALES VECINOS RICARDO G. Y JUAN –? : Ambos sujetos presentaban grandes síntomas de desnutrición, y de ello pueden dar Fe tanto la ensalada como el paté y la canastilla del pan.NOELIA –?: Mujer, raza blanca. Presenta síntomas de sobrealimentación debido a los cuales se le puso a dieta. En estos momentos, y debido a las fiestas, puede hacer un paréntesis en el tratamiento, y de ello se resintió el salmón y el queso ese raro que había en un plato.EL COMENSAL DESCONOCIDO: Intentó mangarle la pizza a la agente A-15, según me acaba de informar. Era una pizza marca Vesubio           

    Es característica común en todos los sujetos, menos en el comensal desconocido, el intento de mantener una conversación coherente tanto con la agente A-15, como con la agente D-12, es decir, conmigo. Los intentos resultaron poco fructíferos a causa del arrejuntamiento de tripas provocado por la inanición, o lo que es lo mismo, por tener un hambre que te cagas. Los intentos versaban sobre preguntar el lugar de procedencia, y curso al que pertenecíamos, mostrando incredulidad ante las respuestas esgrimidas ante esta última pregunta. 

HECHOS CORTEFIEL´S CORNERALICANTE CITY21:35H APROX.        

     Mi llegada al punto de reunión fue más bien discreta, no conocía absolutamente a nadie y, supongo, absolutamente nadie me conocía a mí. Así que aguardé pacientemente a que mi unidad de apoyo moral, es decir, la agente A-15, apareciera. Ello sucedió a las 21:50H. y, mientras tanto, las riadas de gente desconocida se sucedían. Creo que fue el cuarto de hora más largo de mi vida, exceptuando los de la clase de Organizaciones Internacionales, y es que en ese periodo de tiempo, mi mentalidad masoca desató una corriente de erróneas teorías acerca de cambios en la hora y el lugar de reunión…Teorías que pude compartir con la agente A-15 cuando apareció, y que duraron hasta que avistamos la primera cara conocida que era ni más, ni menos; ni quito ni pongo que la del terrícola de la primera fila. 

-Mira, ahí está nuestro besuguito.

-Jamás pensé que me alegraría de verlo.

-Sinceramente, yo tampoco.

-Por un momento pensé que me había equivocado de fiesta.

-Me parece que a mí me ha pasado lo mismo.

-¿Has visto cómo va vestida la gente?

-Tenemos que llamar la atención al servicio de documentación de vestuario, nadie me dijo que tenía que ponerme plumas para ir a comer pizza, curiosa costumbre terrícola.

-Con un poco de suerte pensarán que vamos a otra fiesta.

-No mires, pero el besuguito nos acaba de echar una de sus miradas…

-La flexibilidad del cuello del terrícola me hace sospechar:  ¿No será un espía orionita?

-Pues ahora que lo dices yo siempre lo he visto muy enganchado a nuestras conversaciones, es posible que tengas razón, habrá que tener cuidado.

-En cualquier caso ni el orionita va a fastidiarme la cena,¡ con el hambre que tengo!

-No me extraña, ¿cómo no se te ha ocurrido merendar, melón?

-Me he confiado, creía que al quedar antes, íbamos a cenar antes.            

      Hasta aproximadamente las 22:40H tuvimos que esperar para marchar hacia el local donde se iba a celebrar tamaño acontecimiento, y creo que no tardamos más porque el rugido unánime de protesta de decenas de enfurecidos y hambrientos estómagos, lo impidieron. Pero antes de marchar sucedió un hecho que me conmovió profundamente, y es que la delegada nos llamó ¡ amigas! Y, ¡Dios mío!, le preocupó el hecho de que no hubiéramos podido enterarnos del cambio de planes de última hora (¡ pobrecilla, no sabe que tenemos un servicio de documentación chachi!)         

    Iniciábamos la marcha hacia el local, no sin antes evocar la posibilidad de hacer una “escapadita” a Telepizza que, al final, es lo que deberíamos haber hecho.           

    Llegamos a la puerta del local de nombre impronunciable y antes de entrar se procedió al recuento de los comensales, si no fuera por el hecho de que estamos en La Tierra, pensaría que eso servía para sortear quién iba a servir de ingrediente para la pizza. Total, que al final nos dejaron pasar y al hacerlo… ¡ Fuego! Sentía cómo los cristales de mi dispositivo auxiliar de visión se empañaban.          

     La agente A-15 y yo procedimos a tomar asiento, y lo hicimos en un rincón acogedor donde podíamos llevar a cabo nuestra misión con absoluta discreción. Una vez sentadas, dimos una lección de magistral de cómo convertir una cosa sencilla en el más difícil todavía y es que, en lugar de levantarnos y dejar paso por nuestro sitio a la gente que así lo solicitaba; la agente A-15 y yo estábamos con el humor necesario para deleitar al público asistente, con unos complicados ejercicios de yoga sobre el banco corrido almohadillado.        

     Allí estaba la mesa con una ensalada, con un plato con paté, salmón y quesos varios, una canastilla del pan… Todo ello incólume hasta que aparecieron las pirañas terrícolas. Dispuestas a no dejarse apabullar, la agente A-15 y yo iniciamos la contraofensiva empezando por los biscotes, pero era imposible, teníamos la garganta tan reseca que las migas se quedaban pegadas en el tubo interno de respiración que tienen los humanos, poniendo en peligro nuestras vidas. Nos tomaban ventaja, y fue cuando la agente A-15 atacó la retaguardia del salmón, mientras yo buscaba refugio en la ensalada y en la lombarda que ¡ cielo santo, estaba completamente avinagrada!     

       Entonces fue cuando la agente A-15 comenzó a realizar comentarios desalentadores: 

-¡ Tengo seed!            

      No tuve más remedio que amonestarla: 

-¡ A-15, no vuelvas a repetir eso en mi presencia! Recuerda lo que pasó en el Satélite de Gorky donde, por tu culpa, acabé bebiéndome el abrevadero de los cerdillos irisados, y todo porque empezaste insistentemente a hacer comentarios del tipo ¡ tengo seed!    

         Y entonces fue cuando apareció una salvadora jarra de agua que se volatilizó nada más tomar contacto con nuestra parte de la mesa. Tomamos un sorbo, y me dispuse a analizar su composición: H2O y una cantidad de cloro capaz de matar a un elefante. No había dudas, era agua del grifo. Si no fuera porque en aquellos momentos nos hallábamos en pleno proceso de deshidratación, habría puesto el grito en el cielo. Algo parecido pasó con la coca-cola ¡ menos mal que a la agente A-15 y a mí se nos ocurrió racionar el contenido de nuestra copa! Porque después de la volatilización de la botella de 2 litros que nos dieron, no hubo rastro en toda la noche de una botella que no fuera de cerveza o vino.       

     Mientras el camarero trataba de, de una manera más menos que más organizada, tomar nota de lo que íbamos a tomar; las pirañas terrícolas persistían en establecer contacto verbal con nosotras, a lo que nos resistíamos más que nada porque no estábamos de humor para conversaciones tontas. 0:00H No hay rastro de las pizzas y empiezan a aparecer los primeros bostezos de la noche. La agente A-15 recrimina lo contagioso del fenómeno.0:15H Empiezan a aparecer las pizzas de todo el mundo menos las nuestras, y eso que al queso y al tomate sólo hay que añadirle unos taquitos de jamón de York. El fondo donde está situado el orionita empieza a dar una demostración de cómo el estómago terrícola puede servir de esponja. Éste es un dato de utilidad para la invasión, está demostrado que el alcohol etílico disminuye la capacidad de reacción del ser humano.0:30H La situación es desesperada, apenas queda ya mantel que destrozar, el vacío en nuestro estómago es tal que, la agente A-15 y yo estamos dispuestas a adueñarnos de las próximas pizzas que salgan, aunque sea al asalto y aunque no sean las nuestras. Y así se hace, casualmente son las que habíamos pedido (me temo que quedaban otras por salir). La agente A-15 es víctima de un intento de robo de su pizza pero, afortunadamente, se queda en un intento. La visión de la pizza inunda mi alma de lágrimas ¡cuánto se parece a la nave nodriza donde fui criogénicamente creada! El mismo pensamiento debe asaltar a la agente A-15 que ni siquiera es capaz, por la emoción, de acabarse su módulo de alimentación.         

   Comienzo el procedimiento de engullimiento, primero a velocidad de crucero para, paulatinamente, ir alcanzando el hiperespacio. Si está buena o mala no importa, a esas horas me habría parecido bien incluso un bocadillo de fabada.         

   Justo cuando un trozo de pizza pasaba por mi garganta, no sé exactamente el motivo, un tal “Pepote” se levantó violentamente de la mesa y, muy cabreado, se dirigió contra otro comensal. Antes de que pudiese pasar nada de consideración, una chica se dispuso a poner paz al tiempo que la dueña del local insistía en que todavía no había terminado de pagarlo. La trifulca quedó en nada, y la verdad es que es una pena porque habría sido lo más entretenido de toda la cena. Este incidente, sin duda, corrobora los informes terrícolas que relacionan los niveles de testosterona con la agresividad, y el aumento de incidentes en lugares de escasa ventilación ( se acepta como lugar poco ventilado el cerebro de los terrícolas).        

    Terminamos de comer y no apresuramos a pagar el “convite” ante las noticias que nos llegaban sobre la insolvencia del grupo.         

   Pero falta lo mejor: el postre. La parte de la cena donde la agente A-15 y yo pensábamos resarcirnos de los perjuicios causados a nuestro apetito, durante lo largo ( muy largo) y ancho de la cena. Pronto se nos quitaron las ganas de venganza al ver el postre “especial” que nos habían preparado: ¡ peras con chocolate! Aquello fue el acabóse. El cúmulo de desconciertos se sucedía, por si fuera poco, cuando me ausenté durante breves instantes para pagar y regresé, me encuentro con que el comensal anónimo me ha mangado la cuchara (¡ menos mal que ya había terminado!) y lo peor de todo: me encuentro con otra “exquisita” pera con chocolate en mi sitio ¡no, otra no! En esos momentos sólo pienso en escapar de este lugar maldito. Apremio a la agente A-15 para que acabe su postre, pero es incapaz. Derrotadas, comenzamos a escurrirnos entre el mogollón de sillas, ni siquiera nos detenemos para despedirnos (ahora que lo pienso, despedirnos ¿ de quién?). Salir de allí se ha convertido en una obsesión y, al final, al final el dulce frío de la calle, ¡ qué grata sensación la de la humedad alo penetrar en tus huesos! Hasta una pulmonía es bienvenida con tal de no volver a poner los zapatos en aquel horrible lugar.    

        Finalmente el regreso al hogar, ¡ qué agradable sensación cuando tu magullado orgullo de comensal toma contacto con la cámara de hibernación! Por fin, el descanso del guerrero. 

CONCLUSIÓN FINAL         

    Sobrevivir a una cena como ésta demuestra que la raza humana, aunque tonta, es bastante resistente. Sugiero retrasar la invasión hasta que se autodestruyan, al fin y al cabo, tampoco van a tardar demasiado.

  FIN      

Marzo 1, 2007

La Triste Niñita Attacks

Archivado en: Mis historietas — elrincondedolo @ 3:47 pm

                                  

 DÍA 1 

Había salido una mañana horrorosa, el viento y el frío no se apiadaban de aquellos que, como la Triste Niñita, tenían que salir a comprar el pan cada mañana. Para colmo, el sol estaba cubierto por un estúpido manto de nubes…perdón, quería decir que el manto de nubes es tupido. Es decir, todo hacía presagiar la tragedia.

             Febril por haberse pasado toda la mañana delante de los videojuegos decidió ponerse el termómetro, ella no quería, pero lo hizo.

-¡cielos, ésta sí es una auténtica….(censurado, dejémoslo en  ¡ ghjgjhgj!)!

            El termómetro marcaba 38ºC, lo cual no podía significar nada bueno porque o bien se trataba de un simple enfriamiento; o bien (mejor dicho, o mal) se trataba de la tan temida gripe.

            La Triste Niñita, aquella de los ojos azules, aquella en cierto modo rubita miró con desesperación al infinito (no sé para qué, la pobre no veía tres en un burro a dos palmos de distancia). Tras darse por vencida porque, efectivamente, no conseguía ver nada, empezó a interrogar al termómetro:

 

- Termometrito mágico ¿esto es la gripe o es un enfriamiento?

- Yo que quieres que te diga, sólo marco la temperatura.

- Pues majo, ya podrías servir para algo más.

- Mujer, yo te puedo dar el número del móvil  de Gripy y se lo preguntas.

- ¡uy Gripy, qué confianzas!

- Compréndeme, parte de mi existencia se la debo a él ¿qué sería de mí si no le diera por aparecer de vez en cuando en vuestras miserables vidas?

- No me provoques, recuerda lo que le pasó a tu predecesor.

 

            Y a su bolita roja, la que indicaba el límite de su existencia (y, probablemente, el de la existencia del pobre desgraciado que consiguiera alcanzar esa temperatura) seguro que acudió la imagen de unas bolitas de mercurio esparcidas por el suelo, pertenecientes a Termogarganta Profunda, el primer chivato que sirvió a las órdenes…¿de quién?

 

- Mira que eres torpe.

- El tuyo es un oficio peligroso.

- Excusas.

- Tú sigue así que te la ganas.

- Tan diplomática como siempre. Te lo advierto, mide tus palabras cuando hables con Gripy porque no tiene tanta paciencia como yo. Y si yo soy un pelmazo, él lo puede ser todavía más.

- Jo, menudos amigos tienes.

- Lo que hace la conveniencia.

- Chaquetero.

- Torpe.

- Aquello fue un accidente.

- Yo diría más bien un termomicidio, cacho mamporro le diste contra la pared.

- Un fallo de cálculo. Pero vayamos al grano, dame el número.

 

            Y se lo dio.

 

- ¿Está gripy, por favor?

- ¿Por cuál de las cepas pregunta?

- En realidad no lo sé, por la que esté planeando ahora sobre el Sureste de la Península Ibérica.

- Ahora se pone ¿vale?

- Esperaré.

- Gripy-Lin al habla.

- ¿Gripy-Lin? (¿quién podía tener un nombre tan hortera?)

- Sí, es que soy la cepa asiática. Tengo otros hermanos como Gripy-James que es el británico, y Gripy-Smith que es el americano, pero no sigo porque somos una familia muy numerosa y muy cosmopolita.

- Encantada, soy la Triste Niñita. Bueno, yo en realidad quería saber si estoy en la lista de visitas.

- ¿Cuál dices que era tu nombre?

- Triste Niñita.

- Déjame buscar…

- De estar, estaría entre las más recientes.

- Ah, sí , aquí estás.

- Vale, gracias por la información.

- ¡Caramba, qué bien se lo ha tomado!

 

            Su nombre estaba allí, escrito con letras de sangre (es por exagerar un poco, al fin y al cabo era sólo una gripe). Todos sus planes del fin de semana (porque ¡carajo! era sábado), y de parte de la semana que venía (porque eso no se va en dos días) se fueron al  traste. Estuvo luchando contra algo que era ya evidente, lo único que quería era no tener que meterse en la cama porque eso sólo significaba una cosa: aburrimiento.

            Las radiaciones del televisor seguían siempre un mismo camino que no era otro que el cuerpo de la triste niñita. Ella las necesitaba, ella sabía que no podría disponer de ellas durante su encierro, durante un buen período de tiempo. Así que intentó acumular todas las que pudo, sabía que pasar un “mono” en la cama con gripe no iba a ser una experiencia agradable. Pero aún quedaba lo peor, adiós al café (¡buuu!). Aquello empezó a adoptar tintes de tragedia. Adiós a la tertulia de la sobremesa, aquello iba a ser muy duro. Le dolía ya el alma de tanto pensar, ¡ 6 años sin coger una gripe, ¿y tenía que pasar precisamente ahora? ( tampoco pasaba nada grave por que sucediera ahora, tarde o temprano tenía que suceder)! Se puso de nuevo el termómetro…

 

- Termofónica le informa que su temperatura ha alcanzado y superado los límites de lo razonable.

- Traduce al cristiano y ahórrate las formalidades.

- Pues que tienes fiebre y que te metas en la cama.

 

            Vencida, derrotada, no tuvo más remedio que hacerle caso. Y se metió en la cama, desesperando la llegada del nuevo día.

  DÍA 2 

No quería admitir que se encontraba fatal, le dolía todo el cuerpo tal como si le hubiera pasado por encima un trolebús ( y eso que ya no existen). Tampoco quería consultar el medidor de temperatura, tan sólo deseaba pensar que lo sucedido el día anterior había sido un sueño, que esa mañana se encontraba ¿ perfectamente? Pero una vocecita interna le decía que tenía que hacerlo.

 

- No seas “gili” y ponte el termómetro.  

- Bueeeeno, vaaale.

 

            Y  se lo puso.

 

- Tengo malas noticias.

- Dispara.

- ¡ Bang!

- ¡ Aaaagggh! En fin, basta de chorradas.

- Digamos que como no tomes medidas me vas a hacer estallar.

- Me lo temía.

- Conozco a un tipo que te puede ayudar, el capitán Gelo, puedo arreglarte una entrevista con él.

- Vale.

 

            Su nombre completo era Gedeón Gelocatil, y según el prospecto era catalán. Era una pastilla blanca, de textura rugosa, corpulenta, de sabor desagradable, eso sí, pero su reputación era bastante buena y no cobraba demasiado : 232 ptas. IVA incluido, a saber cuántos euros de esos son. Su fama como mercenario en las guerras gripales que cada año sacudían todo el mundo no conocía límites, recibiera el nombre que recibiera siempre habría un capitán Gelo para combatir la fiebre.

 

- Capitán Gelo a su servicio.

- Tengo fiebre.

- Lo sé, querida, si no, no me habrías mandado llamar.

- En fin, no sé qué decir más que puede empezar a trabajar.

- A la orden.

            Fue una batalla muy dura, una décima por aquí, un grado por allá. Pero el propósito inicial que era bajar la temperatura se consiguió. Ajena a todo esto, nuestra protagonista se enzarzaba en otra de sus frecuentes peleas con Termo ( el Termogarganta Profunda suplente).

 

- Me tienes mareado ya, voy a quejarme al sindicato de termómetros, eres una negrera ¿acaso crees que por mucho ponerme, que por mucho sacudirme te vas a poner mejor?

¡ Por fa, voy a acabar como mi predecesor!

- Es que… estoy muy aburrida y claro, así de 5 en 5 parece que el tiempo corre más deprisa. Además, te informo que estás durando más que los otros, no tientes la suerte.

 

            El verdadero descanso de Termo llegó por la noche, cuando ella dormía, cuando ella soñaba con el día en que podría salir de su cautiverio, de aquella horrible prisión que , en aquellos momentos, era su habitación ( ¡toma ya! Me ha salido un pareado sin haberlo preparado, o no).

 DÍA 3 

Al día siguiente el termómetro invitaba a la rebelión, así que echó mano del capitán Gelo para darle el golpe de gracia no sé muy bien a quién, pero a alguien sería.

 

- Mira, Termo, no tengo fiebre.

- Tus ganas, ya verás como luego te sube.

- No seas gafe.

- No soy gafe, soy realista.

- Pues eres un realista gafe.

- Siempre tienes que decir la última palabra.

 

            Decidió, pese a las advertencias, realizar una peque a expedición primero por su cuarto, y después por toda la casa. De esta manera, pudo comprobar que uno de los pinitos que le había regalado un Papá Noel vestido de verde ( también puede suceder que además de cegata, sea daltónica, el colmo) las navidades ya pasadas (en realidad tenía 3 semillas de pino, pero siempre tiene que haber algún aventajado) había germinado. Todo un logro para ser invierno y hacer un frío que pela, y para ser una persona que no tiene ni idea de pinos. Lo miraba fijamente y sabía que, si no moría en el intento de sobrevivir este mundo plagado de incendios forestales, si no moría a causa de los ¿cuidados? de la Triste Niñita, tarde o temprano tendría que desprenderse de él porque cuando fuera mayor ya no cabría en casa. Quería hacer de él todo un pino hecho y derecho, y estaba con ganas de demostrar al mundo ( a falta de algo más interesante que hacer) que podía sacar ese pino adelante. También sabía que, a pesar de la distancia, sus futuros estaban ya íntimamente ligados. El único problema era que Ruperto, el ficus, se pusiera algo celoso, pero de momento parecía no inmutarse.

 

                                     ———————————–

 

- Capitán  Gelo, ¿ cuál es la situación?

- Se defienden bien, pero no te preocupes que venceremos.

- ¿Tiene algún plan secreto, alguna arma secreta?

- Bueno, tengo dos escuadrones de paracetamol apostados en ambos flancos para realizar una maniobra envolvente.

- No he entendido nada pero suena muy bien, proceda.

- A la orden.

 

            La Triste Niñita no sabía ya en qué ocupar su tiempo, notaba cómo las horas transcurrían lentamente. Se había fulminado todos los libros que la fiebre le había permitido leer  ( o sea, uno), se sabía la programación de la tele de memoria, y total para qué, no había ninguna cerca. Como último recurso acudió a un viejo hobby abandonado hace muchos años, es decir, volvió a escribir ( aunque sean chorradas como estas).

            Esa tarde recibió una visita inesperada.

 

- ¡Gripy- Lin! ¿ tú por aquí?

- Hola, ¿ cómo estás?

- Encima cachondeo, gracioso.

- Perdona, es la costumbre. De todos modos debes saber que he sido bueno contigo, me has caído bien.

- Pues menos mal. ¿Qué te trae por aquí?

- Bueno, tu casa me pillaba de paso y me he dicho ¿por qué no? y he decidido hacerte una visitita. Puedes considerarte afortunada, no suelo visitar a todas mis víctimas .

- Afortunadísima ( hasta ella misma se sorprendía de lo cínica que podía llegar a ser).

- Por cierto, te he traído un regalo.

- ¿ Y esto qué es?

- Una cadena de proteínas último modelo.

- ¡ Ay, qué ilu! ( ¡ ceporro!).

- Se me estaba ocurriendo que cuando que cuando te recuperes podríamos quedar para  tomar unas copas por la noche… ya sabes.

 

            ¡ Lo que le faltaba por oír! Un virus intentando ligar con ella. Aquello era más de lo que podía soportar.

 

- Pues no, no sé. Además, me parece una muy mala idea. ¡ Uy, qué tarde es! ( ésta es una de esas cosas se dicen así como quien no quiere la cosa, para ver si cuela y una visita que se está haciendo pesada se larga de una vez, es decir, es una indirecta bastante directa).

- Necesitas descansar, vendré a verte otro día.

- ¡No! De verdad que no es necesario.

- Adiós.

- Adiós, y gracias por el regalo es muy…bonito. Lo pondré en el florero ( lo que dicen algunos para hacer la pelota).

 

            Mientras tanto, en algún lugar de la mesita de noche, Termo conversaba con su amigo Mercurio, eran inseparables.

 

- ¡ Qué tía más plasta!

- Y eso que le dije, que le rogué, que le supliqué, que 

- No te repitas tanto.

- … que no me pusiera y quitara tanto.

- Veo que te ha hecho caso je, je.

- En el fondo es buena persona, hasta me da pena y todo verla así, tan aburrida. Tendrías que verla cuando está buena, siempre de un lado para otro, no para.

- Uy, uy,uy, aquí hay tomate.

 

            Termo empezó a ponerse colorado.

 

- ¡ Chico, para, para, que vas a hacernos estallar!

- Es un amor imposible, me tengo que conformar con los pocos momentos que paso junto a ella, yo, metido entre sus…

- Bueno, para, no quiero saber los detalles.

- Vamos a descansar que mañana nos espera otro día duro de trabajo.

 

 

DÍA 4 

El último día fue ya la “refinitiva” . La Triste Niñita tomó al asalto la cocina ( sobre todo la cocina. Aunque de hambre no se iba a morir precisamente), se paseó con ansiedad por toda la casa. Se sintió bien al ver la cama hecha con esa colcha de tulipanes psicodélicos, se sintió bien al ver a su ovejita de peluche “BEE” ( ese era el nombre de la ovejita) apostada encima de los dos cojines que servían de adorno ( no servían para nada más, así que por eliminación he deducido que  son de adorno, no por otra cosa).

            ¡ RIIIIINGGG!  Sonó el timbre.

 

- ¡ Gripy-Lin, qué agradable sorpresa! ( je, je, cab…. (censurado, dejémoslo en ¡                       !).

- He venido a despedirme, tengo mucho mundo todavía por infectar. Si quieres vengo otro día y…

-No, de verdad , no insistas. Me consta que voy a tardar mucho en olvidarte.

- Yo a tí nunca, ya nos veremos.

 

            Y se fue, pero la Triste Niñita tenía la sensación de que volverían a verse. Cuanto más tarde mejor, estaría pensando ella.

            Pero volvió a sonar el timbre: ¡RIIIIING!

            Y allí estaba él , con su uniforme blanco con bandas rojas, con su envoltorio plateado, con su composición perfectamente legible al dorso, con el prospecto elegantemente liado a modo de fajín. No había duda, era el capitán Gelo.

 

- Hoy parece que es un día de despedidas.

- Sí, eso parece, princesita. De todos modos prefiero decir hasta la próxima.

- Gracias por todo, capitán Gelo.

- Ya  sabes que puede recurrir a mí siempre que me necesites.

- Así lo haré.

 

            Y marchó a las tierras altas,, allí donde la luz sólo da cuando se abre la puerta  del armarito de los medicamentos. Allí marchaba él, siempre con su imponente presencia, siempre servicial.

            Era una mañana en la que todos estaban medio contentos, medio tristes. El que más triste estaba era Termo, sabía que tardaría en volverla a ver, en volver a ver a aquella mujer que le había robado el corazón de metal líquido que tenía, soñó con la triste niñita, soñó con la única criatura que había conseguido conmover su frágil esqueleto de cristal  y por la cual, en secreto, había derramado pequeñas lágrimas de mercurio cada noche, cada día, siempre resguardado en el estuche blanco de plástico que le protegía de cualquier contratiempo, siempre en silencio.

 

           

 

           

             

ADVERTENCIA A LOS LECTORES NO INICIADOS EN LA OBRA DE LA AUTORA (y si los iniciados, que son unos pocos, quieren leer esto pueden hacerlo, y si no quieren leerlo tampoco se pierden nada)

 

            Éste no es un cuento común, ni siquiera ha sido concebido para su exposición pública, digamos que casi me estoy escribiendo esto a mi misma. Siempre quise que alguno de mis cuentos tuviera un prólogo o algo parecido, aunque normalmente nadie los lea. El relato fue realizado con el único propósito de entretenerme cuando estuve aquejada de gripe no hace mucho (depende de cuándo se lea el cuento). Todo ello hace que el trasfondo de la historia sea verídico, pero desde luego todos los objetos inanimados lo siguen siendo. También he de decir que, aunque sale alguna marca de medicamentos, desgraciadamente yo no he visto un duro por publicidad, simplemente pensé que contribuiría al realismo subliminal de la historia.

            El tipo de humor que en ella se refleja es del totalmente descabellado y absurdo, por lo que puede suceder que no sea comprendido o que no haga gracia, pero yo me reí muchísimo en su momento y, en el fondo, es de lo que se trata. Espero que ocurra lo mismo contigo lector o lectora anónima.

Diciembre 16, 2006

La Triste Niñita en el Instituto

Archivado en: Mis historietas — elrincondedolo @ 2:52 pm

Comentario: La Triste Niñita

 

… Y por fin “La Triste Niñita”. Este es un personaje que nació producto de las aburridas clases del instituto que yo, por lo visto, aprovechaba con otros fines lejanos al académico. La Triste Niñita es un personaje ficticio, junto con el resto de lso que aparecen en los relatos, pero no deja de ser cierto que tanto ella; como los demás, están inspirados en personas reales y situaciones que hasta cierto punto sucedieron. Es inevitable que las historias tengan un trasfondo autobiográfico. En cualquier caso, es para no tomarse en serio la historia y considerarlo un mero producto de auto-entretenimiento

———————————

Érase una vez una niña muy triste, ¿y por qué estaba triste?, pues chica, ni idea, porque estaba triste pero en realidad no lo estaba, personalmente opino que más que triste estaba depre, pero bueno, da igual, eso no importa. El caso es que se sentaba al lado de una loca de cuyo nombre prefiero no acordarme, porque total, para qué.

Esta dulce niñita se hallaba inmersa en una etapa crucial de su vida, ya que estaba a punto de cumplir muchos años (18) y todavía seguía soñando con parecerse a Peter Pan. Sin embargo, era consciente de que la eterna juventud sólo se podía conseguir en espíritu, y no conservando su maravilloso físico que tantos problemas le daba cuando llovía (el reuma, ya se sabe), por eso estaba triste la niñita.

Mientras tanto, la loca del pupitre de al lado se peleaba con la traducción de latín, que finalmente abandonó para empezar a contarse los dedos de la mano; no, no era una de sus locuras, lo que realmente estaba haciendo era una división, y gracias a sus dedos, y a la ayuda de la triste niñita consiguió sacarla exacta aunque para ello tuviera que recurrir a los decimales. Cuando por fin se dio por concluida la operación “cuenta de la vieja”, empezó a revisar el temario de Selectividad que había extraído, aun poniendo en peligro su vida, de los archivos secretos de la CIA ubicados en la sede oficial de esta organización, en la ciudad de Washington. La triste niñita no podía saber entonces que se vería implicada en una trama de espías en la que tendría que poner en peligro su ya amargada existencia.

La loca seguía revisando los temarios correspondientes a latín, francés, literatura… (y es que un espía tiene que ser culto). De repente, la triste niñita le pasó el manuscrito y la espía decidió estudiarlo cuidadosamente; pero no, no estaban solas, las dos se hallaban rodeadas por 38 miembros del servicio de contraespionaje (evidentemente ellas no lo sabían). Mientras la loca se deshacía en carcajadas, la triste niñita seguía completando sus anotaciones cuando, de repente, se dio cuenta de que una agente enemiga le había sustraído el comentario de texto de historia, ¡oh, tenía que recuperarlo cuanto antes!, no podía permitir que la información secreta cayera en manos extrañas. Se levantó de su asiento y… ¡BOOOMMM!, a causa de la corriente que había la puerta dio un portazo, la niña sentía cómo el corazón le golpeaba las sienes, el profesor la miraba con cara de alucinado, y finalmente ella se desmayó.

Despertó en el hospital (lugar harto conocido por ella, oye), y no vio a nadie porque no había nadie en la habitación, intentó incorporarse, a duras penas lo consiguió. Pasados cinco minutos de horrible aburrimiento, se abrió la puerta y apareció una enfermera con un mando a distancia:

- Es para la tele.

- Ah, no lo habría adivinado si no me lo llega a decir.

- Suele pasar, adiós.

- ¡Un momento!

- ¿Si?

- ¿A qué hora se come?

- Dentro de un rato, bueno, adiós.

- Chao.

La puerta se cerró detrás suya, y la triste niñita se quedó pensando que por qué no le había preguntado qué estaba haciendo allí y quién había alquilado la tele.

La siguiente visita fue la de la loca, pero más que esa visita, lo que la consolaba realmente, era la bandeja de gazpachos manchegos que traía la enfermera que entró justo después de la loca.

Mientras comía vorazmente, la loca iba explicando los motivos de su visita (y de verdad que fue al grano):

- Queremos reclutarte.

- ¿A moi?

- Sí, tu apariencia de niñita triste nos sería muy útil, te pagaríamos bien.

- Y a todo esto, ¿quiénes sois vosotros?

- Los buenos.

- ¿Recuperasteis el microfilm que había en el comentario de texto de historia?

- Sí, ¡qué remedio!, no podíamos permitir que los resultados de la última jornada de liga cayeran en manos enemigas; ¿qué opinas de mi oferta?

- Que pareces tonta, yo ya estoy reclutada por vosotros. Oye, dime una cosa antes de que se me olvide, ¿qué hago aquí?

- Cuando la puerta dio un portazo, los agentes enemigos aprovecharon para pegarte con el cubo de la basura, mientras el pobre hombre se quedaba más alucinado que nada.

- ¿Por qué no me ayudaste?

- No podía permitir que me descubrieran.

Cuando por fin salió del hospital, la triste niñita fue a que le cortaran el pelo, tenía que cambiar de “look” para no ser reconocida cuando volviera a clase.

Era el día “X”, afonada por haber subido toda la escalinata esperó a que el bedel abriera la puerta del instituto, así se hizo a las 7:50 am; ella entró por la puerta (¡ increíble !), caminaba vehemente por el pasillo que la conduciría a su clase, y una vez allí intentó recordar el incidente que la había mantenido durante media hora en una cama del hospital. Súbitamente apareció la agente enemiga escoltada por dos guardaespaldas, una de ellas portaba al hombro una mochila roja en la que se sospechaba había material explosivo:

- ¡Andá, si te has cortado el pelo!

- ¿Te gusta?

- Bueno, ya acostumbrada a verte con el pelo largo casi no te reconozco.

- ¿Y cómo me has descubierto?

- Por el chichón que llevas en la cabeza.

¡El chichón!, ¿cómo no había caído en ese detalle?, en aquellos momentos la triste niñita empezó a sudar, estaba en franca desventaja, tres para uno, y sabía que la loca no iría a primera hora porque había valenciano y ella estaba exenta (¿y para qué iba a venir?); procuró por todos los medios desviar el tema de conversación, que ya se estaba poniendo peligrosa.

- ¿y por qué me pegasteis con el cubo e la basura, si sólo pretendía arrebataros el microfilm?

- Porque sí

- Ahhh, ya decía yo.

La espera era tensa, la niñita sabía que no aparecería mucha gente a primera hora (y menos habiendo valenciano). Los ánimos se caldeaban; de las dos guardaespaldas, la que se pasaba el día mandando mensajes secretos al contacto de la fila de delante empezó la batalla:

- El jefe vendrá a retarse contigo más tarde.

- Estaré preparada.

- Vale, entonces se lo diré.

Delante de la triste niñita se sentaba la notaria, una muchacha joven que tenía mucho de espontánea (aunque ella no lo sepa aún), a ella le fue encargado el testamento de la niña (por si acaso).

La hora se acercaba, toda la gente se arremolinaba en los alrededores del ancho pasillo del instituto, sin duda alguna este era el duelo del siglo. Mientras llegaba el jefe malo, una muchacha vestida de campurriana vendía bizcochos. De repente, la multitud calló, y una figura siniestra avanzaba hacia la triste niñita; la figura se sacó un guante y lo estampó en la cara de su rival:

- ¡Desenvaina!

¿Desenvainar?, la niña se dio cuenta de que no había traído espada, sólo un viejo mosquetón del siglo XVIII, ¿qué haría?

Repentinamente, una especie de niebla invadió la estancia, y apareció una chica con una gran caperuza de boli BIC en la cabeza y una regla de 60cm. en la mano derecha, su cara le resultaba familiar a la niñita:

- Oye, ¿y tú quién eres?

- Soy tu hada madrina.

- Ah, pues tu cara me suena.

- No me extraña, en clase me siento en la fila de detrás tuya, justo a mano derecha.

- Ya decía yo, es que no te he reconocido con esa pinta; ¿y para qué has venido?

- Para darte esta regla de 60cm. que pronunciando las palabras mágicas se convierte en una flamante espada.

- ¿Y cuáles son las palabras mágicas?

- ¿Y a ti qué te importa?

La cochambrosa regla de 60cm. se transformó en una magnífica espada toledana de acero español.

El combate era encarnizado, a esto se unía el bullicio de la gente, la sirena que marcaba el comienzo de la clase, y el ladrido del perro del bedel que veía cómo su espacio era invadido por multitud de gente que había hecho caso omiso del timbre.

Una gran copia del “Guernica” presidía la estancia, a conjunto, la sirena de bombardeo que sonaba por segunda vez, pero daba igual porque la gente se hallaba absorta en la pugna.

Pasaron varias horas, y como ninguno ganaba decidieron jugársela a pares o nones; la niña eligió pares.

La notaria inició la cuenta:

- Uno, dos y…¡tres!, ¡nones!

Los minutos siguientes fueron tensos:

- Uno, dos y…¡tres!, ¡pares!

La niña pudo respirar.

- Uno, dos y…

Esto ya era demasiado para cualquiera de los dos:

- ¡tres!, ¡pares!

La niña emitió un suspiro de alivio, mientras al jefe malo le cogía una subida de tensión, y finalmente murió. La guardaespaldas de la mochila roja les dijo a sus compinches:

- Bueno, ahora que no hay jefe me voy a Miami a montar una escuela para espías, ¿os venís?

- ¡Vale!

Aún tuvieron tiempo de despedirse de la triste niñita, y de desearle buena suerte.

Nuestra protagonista se acercó entonces a la loca y le dijo:

-Invítame a un café, que me lo ganado

Octubre 18, 2006

Mi Amigo y Yo

Archivado en: Mis historietas — elrincondedolo @ 9:24 pm

Comentario: Mi amigo y yo

  

Bueno, siguiendo un no sé si muy estricto orden cronológico (o no, porque confieso que tengo historias mucho más antiguas sólo que están escritas cuando contaba con muy corta edad, y he decidido por razones de corte humanitario ahorrarlas al lector)  es justo destacar este cuentecilo lacrimógeno (que dicho sea de paso es mi mayor éxito literario hasta el momento) escrito con ocasión de un concurso del colegio allá por 3º de BUP (cuando aún existía eso), que por cierto gané (por eso es mi mayor éxito literario). Esta historia estuvo en un tris de ser publicada pero, lamentablemente, no salió bien la historia y la verdad es que es una pena porque me hacía hasta ilusión y todo a pesar de que considero que es un poco ñoña para ser mía (ya me iréis conociendo), en fin espero que os guste.

 

MI AMIGO Y YO.

 

  Aquí estoy, en un cementerio, con otros tantos que corrieron la misma suerte que yo. Hay tanta paz, tanta calma, tanta soledad. La madera raída de mis entrañas cruje al compás de las olas, y esto me trae recuerdos tan agradables que no cesan de atormentarme. Deseo contar mi historia a fin de liberarme, por unos instantes, de esa carga tan intensa que supone la nostalgia.

  Mi nombre es Fernando I, “Fernandito”, para aquel pequeño niño que, con el paso de los años, sería mi patrón, mi amigo, ese dulce niño que frecuentemente me decía:

- ¿ Sabes Fernandito? Quiero morir como un marino, no como un señor de hilo fino con chaqueta de algodón.

Y yo le respondía:

- Acepta tu destino, lo que tengas que ser, serás. Así Dios lo ha establecido.

  Parecía entenderme. Después de tan singular diálogo con un brinco sobre mi lomo saltaba y yo, temeroso de que el chico cayera, trataba de mantener el equilibrio. Una vez sobre mí montado, nos deslizábamos por el agua, tan clara y cristalina como una cristalería. Iniciada la travesía, de mil gracias me reía. Recuerdo en especial aquel día en que su padre, propietario de una empresa naval, en el mar con redes le enseñó a pescar, ¡ lo hacía tan mal!, que al agua los dos fueron a parar, mientras yo, de risa, me balanceaba de un lado a otro.

- ¿ De qué te ríes? -preguntaba.

 - De nada, de nada- contestaba yo.

   Mientras, su padre se extrañaba de que le estuviera hablando a una barca.     Transcurridos dos años, cuando supo manejarme correctamente, surgió entre nosotros la verdadera amistad. Él me lo contaba todo y, si tenía algún problema, yo trataba de ayudarle. Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses, y los meses en años. El niño que conocía se convirtió en un hombre, aunque conservando su pelo negro, sus ojos claros, y esa mirada. Un día, recibió la noticia de que sus padres habían muerto en un accidente de ferrocarril, y que debía marchar a La Coruña con sus abuelos. Pero, a pesar de la distancia, él me llevó consigo. Una vez allí, aprendió el oficio de pescador, y ambos salíamos a navegar cada amanecer, solos, él y yo, en las inmensidades del océano.

  Una tarde, al volver de faenar, sus abuelos fueron a recibirle a puerto. Pero no estaban solos, una hermosa muchacha estaba con ellos. Sí, sin duda era hermosa, delgada, ojos azules, cabello dorado. Todo lo bonita que se podía ser, y desear, no me extrañaba en absoluto la expresión de mi amigo al verla, lo cierto es ni siquiera me dirigió la mirada para despedirse. No se lo reprocho, yo tampoco me despedí. A la mañana siguiente, mientras trabajaba me preguntó:

- Fernandito, ¿Qué te ha parecido, verdad que es hermosa?

- Por mucho que pueda hablar contigo, te diré que sigo siendo una barca y, por lo tanto, no entiendo una palabra de mujeres. Pero ya que insistes, te diré que es la criatura más bella que mis ojos han podido admirar, por supuesto, detrás de tu madre. Ahora dime, ¿ cómo se llama, de dónde ha salido?

- Se llama Azucena, como las flores, y es la sobrina de los vecinos. Está pasando unos días aquí y, como ya pudiste ver ayer, mis abuelos la convencieron para que viniera a conocerme, pero ella no parecía muy dispuesta, ya sabes. Dime, Fernandito, ¿ qué puedo hacer para conquistarla?

- Tu padre, para conquistar a tu madre, utilizó el viejo sistema de dar un paseo en barca ¿ te lo imaginas? Allí, los dos solos, la luna en medio de los dos, el silencio de la noche, dulces palabras de amor y, al final, esa petición, ¿ no es romántico?

- ¿Crees que aceptaría?

- No lo sé, pero recuerda, en caso de que acepte, que yo no me meteré y, por lo tanto, no tendrás mi ayuda. Así que pórtate como un caballero, y deja que sea ella quien lleve la iniciativa, aunque eso no quiere decir que pierdas el control de la situación.

- Primero tendré que pedírselo.

   Se puede decir que su cita fue un auténtico fracaso, y puedo afirmar que nunca había visto a ese muchacho tan desanimado. Incluso ya me estaba poniendo triste a mí. Sin duda había cambiado su vida, de siempre estar riendo, y hablando, a estar llorando y no decir palabra. Con el tiempo se le fue marchando de la cabeza, y nuestro joven amigo siguió creciendo, yo con él, pero la ventaja de ser una barca de madera es que te pueden ir reconstruyendo.

  En fin, volvamos donde nos habíamos quedado. Mi amigo creció, y se convirtió en un barbudo lobo de mar. Una mañana, a pesar de mis advertencias, salimos a la mar, y cuando ya estábamos bastante lejos empezó la tormenta. El mar se picó, de tal manera, que yo trataba de mantener el equilibrio para que no lanzase a mi compañero al mar, si no, moriría ahogado. La lluvia caía con tal intensidad que formaba una cortina de agua, no se podía ver nada. Mi patrón luchaba contra viento y marea para que me mantuviera a flote, al mismo tiempo, remaba hacia puerto. De pronto, se oyó un crujido, y un dolor intenso recorrió todo mi cuerpo. ¡ Dios mío! ¿ Qué estaba pasando? ¡ Se ha abierto una grieta! Poco a poco sentía que me ahogaba, no podía con el patrón y el agua al mismo tiempo. Él dejó de remar y se dedicó a achicar agua, pero las fuerzas empezaban a fallarle. De repente, una gran ola saltó sobre nosotros y mi amigo cayó al mar, yo fui lanzado sobre unas rocas. El patrón fue rescatado por un pesquero de mayor envergadura que también fue sorprendido por la tormenta; yo sólo rezaba para que una ola no me partiera en dos.

  Al día siguiente, recuerdo que unos hombres me desencallaron y me llevaron a unos astilleros cercanos del lugar donde vivía mi compañero ¡ ojalá pudiera andar para ir y decirle que estoy vivo! Pasaron seis largos meses hasta que estuve a punto para hacerme de nuevo a la mar. Durante ese tiempo, se me introdujeron bastantes reformas, una de ellas, es que dejé de ser una barca de pescador pequeñita para convertirme en una barca mucho más grande. Llegó el día tan ansiado para mí, estaba nerviosísimo ¡ por fin me iban a reflotar! Pero ese día significó algo más para mí. Allí estaba el hombre que durante tanto tiempo había sido mi amigo y compañero inseparable. Llevaba algo en la mano, era un pincel, y con él me rebautizó con el nombre de “FERNANDITO”. Si yo no hubiera sido una barca, seguramente me habría puesto a llorar en aquel instante, nunca había sentido tanta emoción.

  Con el tiempo, se casó con una muchacha que, si se me permite dar mi opinión, podría haber sido su hija. Ella lo apartó del mar, intentó apartarlo de mí también, incluso intentó convencerlo para que fuera a una de esas clínicas de reposo:

- ¿ cómo va a hablar una barca?, decía. Para mí que sólo iba por su dinero, recordad que su padre era el dueño de una empresa naval. Pasaron los años y los cabellos se tornaron grises, y esa vejez le trajo recuerdos, nosotros dos, los amigos inseparables. Y en un intento de recobrar esa vieja amistad, fue a puerto, montó sobre mí, y empezó a remar. Fue bonito volver a oler ese aroma a tabaco de pipa con menta, fue agradable volver a escuchar su voz, sí, era el día más feliz de mi vida y, probablemente, de la suya también. Aún lo recuerdo todo, el sol iluminando el cielo, una ligera brisa rozándonos la cara, era demasiado bonito para que pudiera durar mucho. De pronto, el cielo se tornó gris, la oscuridad se apoderó de aquella mañana, la leve brisa que soplaba se convirtió en un huracán, las suaves olas que me acariciaban empezaron a golpearme con violencia, me ahogaba. Tal vez, años antes mi patrón habría luchado por llegar a puerto, ahora sólo podía luchar por sobrevivir. Me gritaba, me daba ánimos para que consiguiera mantener el equilibrio, caer al agua significaba la muerte, ahora tenía yo que luchar por los dos. De vez en cuando se alzaba y hacía señas con una camisa, para ver si el vigía del faro lo divisaba e iba en su ayuda. Era difícil mantener el equilibrio, el mar estaba furioso, lo intentaba una y otra vez y, cuando logró mantenerse en pie, una ola lo lanzó al mar. Intentaba nadar hacia mí, y yo trataba de avanzar hacia él, pero era inútil, cuando levanté la vista no vi a nadie, se lo había tragado el mar. Volví a embarrancar donde lo había hecho años antes, aún recordaba ese lugar, de extraordinaria, y cruel belleza.

   La tormenta se calmó y algunos pescadores salieron a buscar a mi amigo, yo sabía que no aparecería, ellos también, pero no querían creerlo. Tras varias horas de búsqueda, decidieron sacarme de allí y me llevaron a un cementerio de barcos que había cerca de puerto. No paraba de pensar en las palabras que aquel marino me dijo cuando todavía era un niño: ¿Sabes Fernandito ? Quiero morir como un marino, no como un señor de hilo fino con chaqueta de algodón. Desde el momento en que me llevaron al cementerio sabía que no me iban a reparar, incluso antes lo sabía, sabía que, tal vez, hubiera sido mejor hundirme con él, morir de inmediato, y no consumirme lentamente, con mis recuerdos.

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