Son tan sólo estos dos versos,
que me llevan de cabeza…
los que quedan inconexos,
los que me causan tristeza.
Son dos titanes perversos,
de muy cruel naturaleza,
dos duendecillos traviesos,
ocultos en la maleza.
Con prisa los voy buscando,
con prisa los necesito.
Y de mí se va ocultando,
ese eslabón pequeñito,
que me impide ir acabando,
este extraño sonetito.
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