Nadie le había dado nombre hasta por lo que he decidido hacerlo yo, aun a riesgo de parecer antisocial. Llamo “ Síndrome del fin de semana” al ataque de amabilidad repentina que sufren algunas personas los fines de semana ( sobre todo sábados por la noche), festivos y similares. Nunca entenderé los motivos por los que una persona que tiende a hacerte el vacío entre semana, al llegar el sábado por la noche, te saluda como si fueras un/ a amigo/ a íntimo/ a de toda la vida ( igual de no saludarte el resto de la semana va acumulando un deseo incontenible de hacerlo, hasta que llegado el fin de semana ya no puede resistirse más, algún psicólogo debería estudiar el fenómeno).
DEME DOS BESOS, POR FAVOR
Lo de los dos besos es ya demasiado. Que te saluden, pasa, pero que además se abalancen sobre ti, sin que tengas oportunidad de defenderte, para darte los dos besos de rigor es ya un acto de cinismo gratuito. Vale, vale, ya sé que es una costumbre… Pero admitamos que es una costumbre desconcertante, sobre todo cuando te presentan a alguien de nuevas. ¿ Por qué se le tienen que dar dos besos a alguien que no conoces y no sabes si te va a caer bien o no ( que conste, que lo mismo se le puede pasar por la cabeza a la persona que te están presentando)?
Para cumplir con el formalismo que diferencia la buena educación de la mala, existen fórmulas más impersonales que cumplen espléndidamente la función del saludo, y que no implican un grado de confianza, ni ningún componente afectivo, por ejemplo, un buen apretón de manos.
Personalmente, los dos besos los reservo a las personas que, debido al grado de confianza que posea con ellas, se han hecho acreedoras de ellos y, de forma indiscutible, dentro del ámbito familiar .
En el caso del “ Síndrome del fin de semana” la ofensa es doble porque no sólo te están mostrando un falso afecto, sino que ese falso afecto dura, escasamente, los cinco segundos que se tarda en decir eso de: “ Amiga, ¿ qué tal estás?”. ¡¿ Amiga?! ¿ Yo amiga tuya, desde cuándo? ¿ Que cómo estoy? ¿ Acaso te importa? Y después de pensar todo esto, te quedas con las ganas de haber contestado “ bien, hasta que me tropecé contigo”, pero ya es demasiado tarde porque la despedida ha sido tan fugaz como el saludo, y entre semana vuelves a tu estado natural de invisibilidad, ya habrá otra ocasión … el próximo fin de semana.