El rincón de Dolo

Octubre 31, 2006

Pitágoras

Archivado en: Mis poesías — elrincondedolo @ 4:22 pm

PITÁGORAS

Sucedió en la antigua Grecia,

otra vez, para variar,

donde Pitágoras crezca,

y aprenda a filosofar.


Era amante de los números,

¡jo, qué ganas de pensar!

El teorema era sencillo,

para lo que iba a idear.

Las cosas son formulables,

con número par o impar,

positivo o negativo,

yo me quedo con el par.


Aparece así el dualismo,

no me pienso contrariar,

al decir que es el opuesto,

el que lo va a demostrar.


Los principios de las cosas,

son los mismos a la par,

que los principios de números,

mas no los puedo sumar.


Dice cierta explicación:

si a ellos puedes gobernar,

¡ felicidades, amigo!

¡ A por ellos y a mandar!


Son las once de la noche,

ya es hora para soñar,

lo que me espera mañana,

cuando vaya a madrugar.


D.L.M.


Octubre 24, 2006

El Hombrecito Verde

Archivado en: Mis monólogos — elrincondedolo @ 4:23 pm

  Me recuesto en la cama, pero no duermo. Pronto empiezan a venirme a la mente pequeños fragmentos de una realidad que ha pasado ya. Mentalmente me sitúo en el momento en que el autobús de línea me deja en la parada. Veo que el suelo está mojado. Ha llovido, pero no he tenido la oportunidad de ver cómo lo hacía porque he estado toda la tarde encerrada en una mal ventilada y claustrofóbica clase. El hombrecito verde del semáforo parpadea y me recuerda que tengo que parar. El hombrecito verde. Cualquiera pensaría que es un ser viscoso proveniente de otros mundos con intenciones poco amistosas. Todavía nos creemos lo suficientemente importantes como para ser colonizados por seres de inteligencia superior. Si fueran realmente inteligentes ni siquiera se acercarían por aquí, no vaya a ser que en uno de sus desorbitados paseos espaciales, la estación MIR  vaya a dar al traste con sus planes de invasión. Y si lo que pretenden es aniquilarnos, sólo tienen que tener un poquito más de paciencia, y nosotros mismos les haremos todo el trabajo.

  Pero volvamos a nuestro hombrecito verde, al del día a día; al que, teóricamente, nos dice cuando podemos cruzar la calle (la práctica, como siempre, es otra cosa); al que con su rápido parpadeo nos apresura a ganar la seguridad de la acera ( aquí recibe la inestimable colaboración del rugido de decenas de embrutecidos y encabritados, no sé si motores, conductores, o ambas cosas). En definitiva, hablemos del hombre del tupé. Porque, desde que me di cuenta de este singular detalle, no he cesado de preguntarme el motivo. No hay ninguna explicación racional a este fenómeno, todo lo más que se me ocurre es que se trata de un intento de que la población se identifique con él y así le hagan algo de caso, al pobre, porque también es verdad que el corte de pelo varía según la modernidad de aparato, estoy deseando ver alguno con una cresta punk.

  El hombrecito verde muestra una actitud firme y decidida. Camina con confianza sobre el fondo negro del recuadrito que tiene asignado. Sabe que puede cruzar sin ningún peligro ( afortunados que son algunos ). Ahora manda él.Su homólogo opuesto, es decir, el hombrecito rojo, en cambio, lo tiene un poco más crudo. Ofrece un aspecto más agresivo, la resignación del que sabe que tiene que esperar para cruzar, la postura tensa del que tiene prisa y no puede esperar. Muchas veces lo imagino con traje y corbata mirando desesperado el reloj. Seguramente llega tarde a una reunión de trabajo, ¡ qué sé yo !Pero para alivio de los dos ha vuelto a cambiar de color, y vuelvo a recuperar la cadencia de mis pasos, que me llevan a casa a tomar un merecido descanso.

Octubre 20, 2006

Aristóteles

Archivado en: Mis poesías — elrincondedolo @ 4:51 pm

Comentario: Poesía

            Quizás la poesía sea una de mis facetas más desconocidas, pero ahí está. En este terreno tengo que hacer varias aclaraciones:

            La primera de ellas versa sobre la temática de esta primera tanda que voy a adjuntar. Estas poesías (o poemas) como habréis observado van dedicadas a filósofos pensadores de los que alguno de ellos ni siquiera sabíais que existían, no os culpo, yo tampoco lo sabía hasta que los di en COU y ahí es justamente donde quería yo llegar. Resulta que yo tenía un profesor de Filosofía que nos repartía sus poesías a modo de resumen del tema que iba a impartir, el caso es que me picó el gusanillo y yo también hice unas cuantas lo que, dicho de paso, me sirvió para subir nota.

            Otra aclaración va referida a la rima. Es cierto que en muchos de mis poemas empleo el título de “Soneto de…”  pero lo cierto es que no empleo la métrica del soneto consistente en versos de arte mayor con rima ABBA ABBA CDC DCD, sino que empleo mayoritariamente versos octosílabos de rima abab  abab cdc dcd . Así que, por favor, los puristas que no me lo tengan en cuenta.

ARISTÓTELES 

Llegó por fin Aristóteles,

hasta la ciencia oriental,

guardado en unos librotes,

en Córdoba, natural.

Fue el filósofo Averroes,

quien se puso a interpretar,

los dichos grandes librotes,

sacados de traducciones,

que la ciencia supo dar.

Tres tesis saca en la jarcha,

sobre el mundo en movimiento,

un “motor” lo pone en marcha,

sin tener conocimiento.

La segunda incluye al alma,

y también la inteligencia,

donde está la diferencia,

es que no pervive el alma,

pero sí la inteligencia.

La tercera es más ambigua,

porque es de doble verdad,

así a la Iglesia apacigua,

y a toda la cristiandad.

Lo que busca es convivencia,

con esta verdad primera,

no agota así la paciencia,

no acudiendo a la quimera.

En ella misma nos cuenta,

que este mundo es temporal,

pero hay que tener en cuenta,

que nuestra alma es inmortal.

En la otra interpretación,

la verdad es la razón,

no es el mundo temporal, 

pero sí el alma mortal,

¡ menuda contradicción!

Mientras decide Averroes,

con cuál de las dos se queda,

disipemos los temores, 

que la cena fría queda.                                             

D.L.M.

Querido Diario

Archivado en: Mis monólogos — elrincondedolo @ 4:45 pm

QUERIDO DIARIO

   

            Un diario es el codiciado objeto del deseo de todas las madres del mundo ya que les permiten tener controlados a sus hijos (hijas, sobre todo, hay que reconocer que los hombres no pierden el tiempo con estas cosas) sin tener por ello que preguntarles de manera no ya tan inocente a determinadas edades aquello de …¿Qué tal has pasado el día? ¿Con quién has estado?¿Qué has hecho hoy?.. etc etc.  Por eso son las primeras en regalarte uno más o menos a la edad de cuando ya se empieza a tener algo de llamémosle vida social, y esas preguntas ya empiezan a ser algo embarazosas… 

 

            Diarios los hay de varios tamaños y colores: sin candado, y con candado (como diría el famoso cuadro de windows (recomendado)…o bien la típica y genuina libreta cuadriculada tamaño folio como es mi caso…porque tengo asumido que las madres tienen un sexto sentido para descubrir todos los escondrijos donde ocultar la dichosa llavecita, que al final resulta ser un engorro (por no hablar de cuando se van acumulando llavecitas) y tampoco es cuestión de defraudar a un público tan fiel y tan entregado al cotilleo como es una  madre. Así que el pobrecito se ha quedado de lo más asépticoy encriptado posible: Por la mañana he ido a trabajar…por la tarde he dado un paseo… y por la noche, bueno, por la noche…”he visto la tele”

 

Tras años y años escribiendo un diario todavía no sé qué me empuja a seguir haciéndolo, no sé si se trata de limpiar la conciencia antes de irse a dormir o, simplemente, que aquello del “mensaje del  vouyageur” caló tan hondo en mí que por un momento vi a todos mis diarios dando vueltas como una peonza por el sistema solar esperando a que alguna civilización alienígena me psicoanalice dentro unos cuantos siglos… eso sí, ahora que caigo, no sé qué carajo le importa a un marciano qué película fui a ver al cine el sábado pasado. Quizás sea esa necesidad que tenemos de vez en cuando de sentirnos espectadores de nuestra propia vida.

 

Visto lo anterior, a veces he llegado a pensar que a los diarios se les debería incluir un apartado de Deje su comentario, como sucede en estos blogs, que no me extraña que hayan tenido tanto éxito, ya que son como un diario en el que puedes escribir lo que quieras y mantenerte a salvo de tu a madre que, obviamente, abobina de las nuevas tecnologías y no conseguirá poner en marcha un ordenador, no digamos ya la navegación por la red de redes ¿no es fantástico? ¿poder contar tu primera experiencia con un chico sin que se entere tu madre? …ahhhh… lo que se ha ganado en intimidad gracias a internet.

 

            A propósito de los blogs, es un milagro que yo me haya decidido a abrir uno ya que me ha costado bastante decidirme… y mucho más ponerlo en marcha gracias a mi natural inoperancia con los ordenadores pero bueno….esa es otra historia

 

Octubre 18, 2006

Mi Amigo y Yo

Archivado en: Mis historietas — elrincondedolo @ 9:24 pm

Comentario: Mi amigo y yo

  

Bueno, siguiendo un no sé si muy estricto orden cronológico (o no, porque confieso que tengo historias mucho más antiguas sólo que están escritas cuando contaba con muy corta edad, y he decidido por razones de corte humanitario ahorrarlas al lector)  es justo destacar este cuentecilo lacrimógeno (que dicho sea de paso es mi mayor éxito literario hasta el momento) escrito con ocasión de un concurso del colegio allá por 3º de BUP (cuando aún existía eso), que por cierto gané (por eso es mi mayor éxito literario). Esta historia estuvo en un tris de ser publicada pero, lamentablemente, no salió bien la historia y la verdad es que es una pena porque me hacía hasta ilusión y todo a pesar de que considero que es un poco ñoña para ser mía (ya me iréis conociendo), en fin espero que os guste.

 

MI AMIGO Y YO.

 

  Aquí estoy, en un cementerio, con otros tantos que corrieron la misma suerte que yo. Hay tanta paz, tanta calma, tanta soledad. La madera raída de mis entrañas cruje al compás de las olas, y esto me trae recuerdos tan agradables que no cesan de atormentarme. Deseo contar mi historia a fin de liberarme, por unos instantes, de esa carga tan intensa que supone la nostalgia.

  Mi nombre es Fernando I, “Fernandito”, para aquel pequeño niño que, con el paso de los años, sería mi patrón, mi amigo, ese dulce niño que frecuentemente me decía:

- ¿ Sabes Fernandito? Quiero morir como un marino, no como un señor de hilo fino con chaqueta de algodón.

Y yo le respondía:

- Acepta tu destino, lo que tengas que ser, serás. Así Dios lo ha establecido.

  Parecía entenderme. Después de tan singular diálogo con un brinco sobre mi lomo saltaba y yo, temeroso de que el chico cayera, trataba de mantener el equilibrio. Una vez sobre mí montado, nos deslizábamos por el agua, tan clara y cristalina como una cristalería. Iniciada la travesía, de mil gracias me reía. Recuerdo en especial aquel día en que su padre, propietario de una empresa naval, en el mar con redes le enseñó a pescar, ¡ lo hacía tan mal!, que al agua los dos fueron a parar, mientras yo, de risa, me balanceaba de un lado a otro.

- ¿ De qué te ríes? -preguntaba.

 - De nada, de nada- contestaba yo.

   Mientras, su padre se extrañaba de que le estuviera hablando a una barca.     Transcurridos dos años, cuando supo manejarme correctamente, surgió entre nosotros la verdadera amistad. Él me lo contaba todo y, si tenía algún problema, yo trataba de ayudarle. Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses, y los meses en años. El niño que conocía se convirtió en un hombre, aunque conservando su pelo negro, sus ojos claros, y esa mirada. Un día, recibió la noticia de que sus padres habían muerto en un accidente de ferrocarril, y que debía marchar a La Coruña con sus abuelos. Pero, a pesar de la distancia, él me llevó consigo. Una vez allí, aprendió el oficio de pescador, y ambos salíamos a navegar cada amanecer, solos, él y yo, en las inmensidades del océano.

  Una tarde, al volver de faenar, sus abuelos fueron a recibirle a puerto. Pero no estaban solos, una hermosa muchacha estaba con ellos. Sí, sin duda era hermosa, delgada, ojos azules, cabello dorado. Todo lo bonita que se podía ser, y desear, no me extrañaba en absoluto la expresión de mi amigo al verla, lo cierto es ni siquiera me dirigió la mirada para despedirse. No se lo reprocho, yo tampoco me despedí. A la mañana siguiente, mientras trabajaba me preguntó:

- Fernandito, ¿Qué te ha parecido, verdad que es hermosa?

- Por mucho que pueda hablar contigo, te diré que sigo siendo una barca y, por lo tanto, no entiendo una palabra de mujeres. Pero ya que insistes, te diré que es la criatura más bella que mis ojos han podido admirar, por supuesto, detrás de tu madre. Ahora dime, ¿ cómo se llama, de dónde ha salido?

- Se llama Azucena, como las flores, y es la sobrina de los vecinos. Está pasando unos días aquí y, como ya pudiste ver ayer, mis abuelos la convencieron para que viniera a conocerme, pero ella no parecía muy dispuesta, ya sabes. Dime, Fernandito, ¿ qué puedo hacer para conquistarla?

- Tu padre, para conquistar a tu madre, utilizó el viejo sistema de dar un paseo en barca ¿ te lo imaginas? Allí, los dos solos, la luna en medio de los dos, el silencio de la noche, dulces palabras de amor y, al final, esa petición, ¿ no es romántico?

- ¿Crees que aceptaría?

- No lo sé, pero recuerda, en caso de que acepte, que yo no me meteré y, por lo tanto, no tendrás mi ayuda. Así que pórtate como un caballero, y deja que sea ella quien lleve la iniciativa, aunque eso no quiere decir que pierdas el control de la situación.

- Primero tendré que pedírselo.

   Se puede decir que su cita fue un auténtico fracaso, y puedo afirmar que nunca había visto a ese muchacho tan desanimado. Incluso ya me estaba poniendo triste a mí. Sin duda había cambiado su vida, de siempre estar riendo, y hablando, a estar llorando y no decir palabra. Con el tiempo se le fue marchando de la cabeza, y nuestro joven amigo siguió creciendo, yo con él, pero la ventaja de ser una barca de madera es que te pueden ir reconstruyendo.

  En fin, volvamos donde nos habíamos quedado. Mi amigo creció, y se convirtió en un barbudo lobo de mar. Una mañana, a pesar de mis advertencias, salimos a la mar, y cuando ya estábamos bastante lejos empezó la tormenta. El mar se picó, de tal manera, que yo trataba de mantener el equilibrio para que no lanzase a mi compañero al mar, si no, moriría ahogado. La lluvia caía con tal intensidad que formaba una cortina de agua, no se podía ver nada. Mi patrón luchaba contra viento y marea para que me mantuviera a flote, al mismo tiempo, remaba hacia puerto. De pronto, se oyó un crujido, y un dolor intenso recorrió todo mi cuerpo. ¡ Dios mío! ¿ Qué estaba pasando? ¡ Se ha abierto una grieta! Poco a poco sentía que me ahogaba, no podía con el patrón y el agua al mismo tiempo. Él dejó de remar y se dedicó a achicar agua, pero las fuerzas empezaban a fallarle. De repente, una gran ola saltó sobre nosotros y mi amigo cayó al mar, yo fui lanzado sobre unas rocas. El patrón fue rescatado por un pesquero de mayor envergadura que también fue sorprendido por la tormenta; yo sólo rezaba para que una ola no me partiera en dos.

  Al día siguiente, recuerdo que unos hombres me desencallaron y me llevaron a unos astilleros cercanos del lugar donde vivía mi compañero ¡ ojalá pudiera andar para ir y decirle que estoy vivo! Pasaron seis largos meses hasta que estuve a punto para hacerme de nuevo a la mar. Durante ese tiempo, se me introdujeron bastantes reformas, una de ellas, es que dejé de ser una barca de pescador pequeñita para convertirme en una barca mucho más grande. Llegó el día tan ansiado para mí, estaba nerviosísimo ¡ por fin me iban a reflotar! Pero ese día significó algo más para mí. Allí estaba el hombre que durante tanto tiempo había sido mi amigo y compañero inseparable. Llevaba algo en la mano, era un pincel, y con él me rebautizó con el nombre de “FERNANDITO”. Si yo no hubiera sido una barca, seguramente me habría puesto a llorar en aquel instante, nunca había sentido tanta emoción.

  Con el tiempo, se casó con una muchacha que, si se me permite dar mi opinión, podría haber sido su hija. Ella lo apartó del mar, intentó apartarlo de mí también, incluso intentó convencerlo para que fuera a una de esas clínicas de reposo:

- ¿ cómo va a hablar una barca?, decía. Para mí que sólo iba por su dinero, recordad que su padre era el dueño de una empresa naval. Pasaron los años y los cabellos se tornaron grises, y esa vejez le trajo recuerdos, nosotros dos, los amigos inseparables. Y en un intento de recobrar esa vieja amistad, fue a puerto, montó sobre mí, y empezó a remar. Fue bonito volver a oler ese aroma a tabaco de pipa con menta, fue agradable volver a escuchar su voz, sí, era el día más feliz de mi vida y, probablemente, de la suya también. Aún lo recuerdo todo, el sol iluminando el cielo, una ligera brisa rozándonos la cara, era demasiado bonito para que pudiera durar mucho. De pronto, el cielo se tornó gris, la oscuridad se apoderó de aquella mañana, la leve brisa que soplaba se convirtió en un huracán, las suaves olas que me acariciaban empezaron a golpearme con violencia, me ahogaba. Tal vez, años antes mi patrón habría luchado por llegar a puerto, ahora sólo podía luchar por sobrevivir. Me gritaba, me daba ánimos para que consiguiera mantener el equilibrio, caer al agua significaba la muerte, ahora tenía yo que luchar por los dos. De vez en cuando se alzaba y hacía señas con una camisa, para ver si el vigía del faro lo divisaba e iba en su ayuda. Era difícil mantener el equilibrio, el mar estaba furioso, lo intentaba una y otra vez y, cuando logró mantenerse en pie, una ola lo lanzó al mar. Intentaba nadar hacia mí, y yo trataba de avanzar hacia él, pero era inútil, cuando levanté la vista no vi a nadie, se lo había tragado el mar. Volví a embarrancar donde lo había hecho años antes, aún recordaba ese lugar, de extraordinaria, y cruel belleza.

   La tormenta se calmó y algunos pescadores salieron a buscar a mi amigo, yo sabía que no aparecería, ellos también, pero no querían creerlo. Tras varias horas de búsqueda, decidieron sacarme de allí y me llevaron a un cementerio de barcos que había cerca de puerto. No paraba de pensar en las palabras que aquel marino me dijo cuando todavía era un niño: ¿Sabes Fernandito ? Quiero morir como un marino, no como un señor de hilo fino con chaqueta de algodón. Desde el momento en que me llevaron al cementerio sabía que no me iban a reparar, incluso antes lo sabía, sabía que, tal vez, hubiera sido mejor hundirme con él, morir de inmediato, y no consumirme lentamente, con mis recuerdos.

Hola caracolasss!!!

Archivado en: Uncategorized — elrincondedolo @ 7:02 pm

Hola!

Bienvenidos a este blog que espero sea de vuestro agrado. En el momento en que lo estaba creando me preguntaba cuáles eran los motivos por los que lo hacía, pues bien, a mí siempre me ha gustado escribir ya sea cuentecillos, poesía (aunque reconozco que soy bastante mala) y cualquier tipo de chascarrillos, historietas o simplemente tonterías varias. El caso es que he ido acumulando material durante varios años y he pensado que es una pena dejarlo perder, y en cierto modo, también me obligo a seguir escribiendo, costumbre que tengo bastante abandonada últimamente.

En fin, pues eso, espero que os guste…

Un saludoooo

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